Los desastres no son naturales

14 de Julio de 2015
minero

Como no cultivamos la memoria, tendemos a creer que los 'desastres' son causa del "poder" de la naturaleza, mientras permanecemos inconcientes de la importancia de las decisiones humanas. La evidencia muestra que los desastres no son naturales.

Registro de Desastres de Origen Geológico desde 1980 hasta la actualidad.

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Cada cierto tiempo el país vuelve una y otra vez a ser testigo de los mal llamados "desastres naturales", y entonces es habitual que veamos en los medios de comunicación que nos victimizamos ante la naturaleza y nos mostremos sorprendidos.

Aquí se oculta sin embargo una dificultad colectiva para cultivar la memoria y aprender de los “peligros geológicos”, como se conoce a los fenómenos que tienen lugar en la corteza terrestre, tales como diversos tipos de remociones en masa (aluvión, caídas de roca, deslizamientos, etc.), inundaciones, suelos salinos, sismos, maremotos y erupciones. En 2015, por ejemplo, sólo en Copiapó y Paipote se inundaron 1.200 hectáreas (55% de superficie urbana), con impacto sobre 70.000 habitantes, y también resultaron afectados Chañaral, Diego de Almagro y otras localidades del valle del río Salado. Murieron 28 personas y la reconstrucción costó al fisco más de US $ 1.500 millones.

De aquí se desprende una típica rutina: 1°) Gran capacidad de olvido colectivo sobre los llamados “desastres naturales”. 2°) Vacío de conocimiento técnico de alcance comunal, regional y nacional, y déficit de instrumentos vinculantes sobre planificación territorial. 3°) Demanda habitual para que el Estado ‘se haga cargo’ de reconstruir.

Con esta realidad en mente, el Sernageomin lazó en julio de 2015 el Registro de Desastres de Origen Geológico, que se actualiza desde entonces con información técnica y aportes de la ciudadanía, sobre todo a través de registros fotográficos socializados en las redes sociales.

Este Registro contabilizó al menos 70 eventos principales desde 1980 hasta la actualidad (2 graves al año), sin contar erupciones volcánicas. El costo público de los 5 aluviones mayores es US$1.600.000.000. Si a esto se agregan los terremotos de Tocopilla (2007) y Concepción (2010), se alcanza US$32.000.000.000, ignorando eventos sobre los cuales el Estado no ha publicado datos individuales, como el terremoto de Iquique y el incendio de Valparaíso (2014), el terremoto del fiordo de Aysén (2007) y un sinnúmero de remociones en masa a costo privado. Sólo con la información disponible en la Biblioteca del Sernageomin, se llega a un costo promedio superior a US$ 914.000.000 al año (8 hospitales similares al de Maipú cada año) y 864 personas muertas o desaparecidas por desastres de origen geológico.

La ciudadanía en general y los medios de comunicación en particular se muestran perplejos cada vez que hay un nuevo desastre, porque en nuestro imaginario colectivo no se sabe que se trata de fenómenos identificables y mitigables. No hay sorpresa al respecto, porque se basan en el principio de que lo sucedido en el pasado, tiende a repetirse en el presente y en el futuro.

Pero en el habla de gobernantes y gobernados se oyen explicaciones resignadas sobre el “poder” de la naturaleza. Con ello, perdemos la oportunidad de tomar conciencia sobre el desafío que implica vivir en un lugar con las características geológicas, geomorfológicas y climáticas de Chile.

La tarea ya está en desarrollo en cuanto al peligro geológico de origen volcánico, a través de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica de Chile, que nació a raíz de las erupciones de los volcanes Chaitén y Llaima en 2008. Pero no sucede lo mismo respecto de las remociones en masa, entre otros.

Por eso se necesita un Plan Nacional de Reducción de Riesgos Geológicos, con información científico-técnica oportuna y confiable para la prevención (planificación del uso del territorio, planes de protección civil, alertas tempranas, educación), mitigación (obras civiles, normas de diseños constructivos) y atención de emergencias. Sin este conocimiento integral, el país seguirá en la rutina del peligro geológico, como si estos “desastres naturales” fueran fruto del karma o de fuerzas extrañas.

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Rodrigo Álvarez Seguel, Director Nacional del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin). Diario La Tercera (página 6) 14 de julio de 2015 Registro de Desastres de Origen Geológico desde 1980 hasta la actualidad.

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Sernageomin propone incluir peligros geológicos en planes reguladores intercomunales (El Mercurio, 22 de agosto de 2016)